“-Oiga compadre, ayer vi a la
muchacha que me gusta. Iba para la tienda a comprar el periódico y ahí me la
encontré, tan bonita como siempre. Si usted viera, tenía puesta esa loción que
me vuelve loco, sisisi esa que nos enloquece a todos los hombres, esa que huele
como a fresa. ¡Sí! A fresa. Uff, cómo
decirle hermano, ella es más o menos así: Cabellera negra, ojos oscuros, piel
canela, sonrisa bonita, nariz respingada, cejitas pobladas, orejas chiquitas,
unas manos hermosas (como las de revista de uñas) y ¡unas piernas! No, y eso
sólo es el físico, hermano, pa qué le cuento, si es toda carismática, tiene un
“vaivén”, esa alegría que emana. Vea, usted la ve y se queda sin palabras. Si
tan sólo me prestara atención, si es que mantiene en un afán, eso disque quiere
estudiar en una universidad, contabilidad o algo así. Disque para ayudar a su
familia, quién la ve. Pero no se deje engañar, también se compra sus cositas,
le encanta salir en “mochos” y echarse todo el labial, le encanta verse linda
para que la vean, pero eso sí, no le gusta que se le acerquen, es que es viva.
Sabe que nos tiene a muchos hombres en la luna, pero nos mantiene en “stand
by”. Yo creo que entre todos soy yo el que la quiere más, si siempre me pongo a
verla como camina por el pueblo, siempre pregunto por ella, me la imagino
conmigo, andando en bicicleta, parando en la tienda de Don José para tomarnos
unas gaseosas. Pero eso no es todo, me la imagino acompañándome todas las
mañanas en el bus hacia la fábrica, si ya estoy mamado de ponerle charla al
conductor, también me gustaría que me acompañe por las noches y caminar por el
pastizal detrás de la finca, yo sé que le encantaría ver a las luciérnagas,
¡pero qué va! Si ella mantiene ocupada en sus cosas. Ni se imagina que la
pienso a diario. Mi hermana me dice que si la quiero tanto, que por qué no le
digo lo que siento, pero, ¿qué pasa donde ella no sienta lo mismo? Nonono,
mínimo ni se acuerda cómo me llamo. Hermano, una muchacha tan linda qué va a
querer estar conmigo, con un pesimista, si siempre nos sentamos acá a tomar y
hablar de lo mal que está la situación, y es que yo no pienso a futuro, qué va
a estar con un arrancado. Uff pero si estuviera conmigo planearíamos todo. Le
juro que me consigo un trabajo que pague bien y hago lo que sea para que tenga
todo lo que ella quiere. Y eso no es todo, la visitaría todos los días a su
casa y le llevaría flores del jardín, a mi qué me va importar que se enoje la
vecina, si nunca las pone en un florero, esas flores son para arrancar y
contemplarlas en un nochero, esa señora ya no tiene quién le de flores, en
cambio mi Alejandra me tiene a mi para llevarle todos los días flores, ¡si
señor! Bueno, está decidido, mañana le llevo flores y uyyy sí, también un
peluche con unos chocolates. Mañana hago que se acuerde de mi nombre, y es que
ya me imagino, va estar como yo, toda enamorada. Y ¿si le escribo una carta
también? Ya me imagino todo, ahora salgo para la casa saco la platica y de una
para la tienda hermano, mañana le cuento como es la cosa- “Eso le dijo
Manolo a
Carlos, antes de encontrarse a
Alejandra acompañada de Sebastián (su novio) en la esquina de la tienda. A
Manolo se le calló el billete de veinte mil pesos y de paso todas las ganas,
miro a Alejandra y le dijo “Cómo pudiste”. Alejandra no entendía lo que pasaba
y se dio la vuelta junto con Sebastián y se fueron en la dirección contraria.
Manolo recogió el billete, entró a la tienda y se compró una botella de
aguardiente. Se fue para la casa, dejo las vueltas y camino montaña arriba,
escuchando música en un viejo radio a pilas. Ese fue el último día que vieron a
Manolo
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